“Vivimos en un mundo que nos lleva al tener y deberíamos ir hacia el ser”

Entrevistamos a Paloma Sainz, quien acaba de publicar el libro Mindfulness para niños: un manual de instrucciones escrito para los más pequeños de la casa, pero también dirigido a padres, que enseña cómo crear un hogar más feliz a través de la meditación. La escritora no tenía pensado escribir este libro, pero una editorial española se lo pidió como una “necesidad urgente para muchos padres y profesores”. 

Mindfullness para niños

Mindfulness para niños de Paloma Sainz

¿Qué es el Mindfulness y qué beneficios aporta?

El Mindfulness se puede traducir como atención plena o conciencia plena: es estar aquí y ahora, sin juzgar, con aceptación y una actitud amorosa hacia lo observado. Los beneficios son muchos: nos ayuda a conectar con nosotros mismos, con los demás y con el mundo que nos rodea porque aumenta nuestra empatía. También nos ayuda a tener una mente más clara y a tomar mejores decisiones y nos ayuda a reconocer y a gestionar las emociones.

¿Cómo se practica?

Es una forma de vida, más que una técnica. Se trata de tomar conciencia de nuestro cuerpo (a través de nuestra respiración), de nuestras emociones y de aprender a vivir en el presente. El problema es que creamos imágenes con juicios de todo, aprendemos a etiquetar todo y se trata precisamente de desaprender todo eso: quitar todas esas máscaras y empezar a ver sin velos, ver la realidad en el momento presente y con asombro, como hacen los niños. Vivimos constantemente en el pasado (recordando) o en el futuro (proyectando).

Entonces, ¿Cómo podemos ir introduciendo el Mindfulness en nuestra vida?

Podemos ir haciendo pequeñas llamadas de atención en nuestra vida para incorporar nuevos hábitos que nos ayuden a vivir más conscientemente. Por ejemplo, concentrar toda nuestra atención cuando comemos, nos duchamos, o cuando estamos con alguien. Estar plenamente con esa persona es el mejor regalo que le podemos dar. Son cosas sencillas, pero en este mundo loco en el que vivimos, lleno de distracciones e interrupciones, a veces es muy difícil.

¿Y la meditación?

Es la herramienta más importante. Hay que dedicar cada día unos minutos para estar en silencio, en nosotros y volver a nuestro centro. Cuando estamos bien, descansados, contentos, todo es más fácil: confiamos, sonreímos, somos valientes, generosos; pero cuando estamos cansados y tenemos miedo: dudamos, desconfiamos y nos cerramos.

¿Por qué crees que es importante que los niños lo practiquen?

Porque todavía no tienen esas máscaras ni han puesto corazas en su corazón, pero sí tienen emociones que a veces no entienden o no saben expresar de una forma adecuada. Si desde pequeños aprendemos a relacionarnos con nosotros mismos (y con los demás) de una forma más auténtica, seremos personas más sanas, más conscientes, más felices, porque seremos más íntegros. Vivimos en un mundo que nos lleva al tener y deberíamos ir hacia el ser. Es muy importante que los niños lo practiquen, pero sobre todo los padres porque no podemos enseñar algo que nosotros no practicamos.

¿Qué beneficios tiene para los niños en especial?

Con los niños tiene que ser siempre a través del juego. Para ellos es aprender desde pequeños a conectarse con ellos mismos, a reconocer sus emociones. Aprenden a buscar el silencio y el botón de pausa o comprender cómo con sólo una respiración profunda nuestro cuerpo se relaja y la intensidad de nuestros pensamientos también. Hay un vídeo que me encanta de Mindful Schools que lo explica muy bien:

¿Crees que los padres de hoy en día tienen consciencia de la importancia de este tipo de prácticas en los niños, como el yoga o la meditación?

Tengo clarísimo que cada vez somos más, y, además, en todo el mundo. Esto ya no hay quién lo pare. Ahora se está desmitificando mucho todo y se está llevando a los hogares, a las aulas, a todos los sitios. Nos hace falta a todos. Los niños son el reflejo de lo que ven en casa: si ven a unos padres hablando mal de sus trabajos o de sus compañeros, compitiendo, aprenden a moverse así por la vida; pero si les enseñamos que hay otra forma de vivir, desde el amor, desde la conciencia, enfocarán su día de otra manera. La práctica del mindfulness nos ayuda a ver con más claridad y a hacer mejores elecciones.

¿En las escuelas se practican este tipo de disciplinas?¿Crees que son necesarias? 

Sí, claro que son necesarias. En España ya hay varios proyectos en marcha e incluso profesores que por libre han ido atreviéndose a explorar y hacer prácticas en sus clases. Yo ahora estoy coordinando un proyecto educativo piloto en Zaragoza con base en mindfulness. Y en  países de todo el mundo hay programas funcionando desde hace muchos años, algunos ya integrados en el currículo de las escuelas, como en Holanda, y otros validados con investigaciones, como el de Quiet time en Estados Unidos.

¿Por qué este tipo de prácticas como el yoga o la meditación cada vez están más de moda en Occidente?

Porque vivimos en un caos. Estamos sobre estimulados y necesitamos más que nunca herramientas que nos devuelvan a casa, que nos enseñen cómo desconectar de todo ese ruido y conectar con nuestro interior, con nuestra vida. Nos hemos acostumbrado al remedio de la pastilla: estás nervioso, tomas una pastilla; te duele algo, pastilla. Pero sobre todo, no mirar, y lo que tenemos que hacer es eso: parar, mirar y actuar. La meditación va unida a la acción.

Tú que has vivido a caballo entre Oriente y Occidente, ¿qué tenemos que aprender los unos de los otros?

Pasé muchos años pensando que mi lugar estaba en Asia porque me sentía libre, conectada con la vida. Años más tarde,  haciendo el camino de Santiago, me volví a sentir igual, y estaba al lado de casa. Todas las culturas son bellas, y lo mejor es la diversidad; pero dentro de esa diversidad hay un punto de luz que es común a todos, una semilla que llevamos dentro, y es esa conciencia, humanidad, alma, prana, chi… llámalo como quieras, da igual “la palabra”.

Y para acabar, ¿por qué recomiendas que adultos y pequeños lean tu libro? 

Porque es un libro muy sencillo que ayuda a estar con uno mismo en silencio, y eso puede cambiar tu vida. De hecho, está demostrado que en ¡sólo en ocho semanas nuestro cerebro cambia! Y para los niños vienen diferentes ejercicios, siempre en forma de juegos, para aprender a conectarse con su respiración y jugar entre ellos y en familia. En realidad, las autoras de este libro son mis hijas, Lucía y Anamika, que son las que me van enseñando cada día.

Paloma con sus hijas

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