Queremos una educación que transforme

Hace 3 años la Asamblea de las Naciones Unidas estableció la Agenda 2030, un plan de acción de la comunidad internacional para erradicar la pobreza y lograr que para el año 2030 vivamos en un mundo más justo y sostenible. Son los conocidos Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) que toman el relevo de los anteriores Objetivos de Desarrollo del Milenio, metas que posibilitaron grandes avances y mejoras en la calidad de vida de las personas, pero que quedaron inconclusas.

Los mayores avances en educación se han visto reflejados en el acceso a la educación básica con una notable mejoría en la tasa de matriculación de primaria, en la equidad de género –acceso y permanencia- y en la alfabetización de jóvenes entre 15 y 24 años. Las cifras que evidencian estos avances, sin embargo, esconden en su seno progresos desiguales y profundas disparidades.

Los nuevos objetivos son más ambiciosos y su alcance es universal que significa que se han de aplicar en todos los países, independientemente de su situación económica y su nivel de desarrollo. Si se quiere reducir la pobreza, los países con más recursos han de comprometerse y responsabilizarse de las acciones que afectan directamente a los otros países, como por ejemplo: reducir el despilfarro de alimentos o a abastecer de medicamentos a otros países más pobres para reducir la alta tasa de mortalidad infantil que todavía existe. Además, la educación vuelve a ser prioritaria en un marco de acción que traza un “viaje en el que prometen que nadie se quedará atrás”.

Concretamente, el objetivo número cuatro pide «Garantizar una educación inclusiva, equitativa y de calidad y promover oportunidades de aprendizaje durante toda la vida». El objetivo final está claramente orientado hacia aspectos de inclusión, equidad y calidad educativa que son absolutamente fundamentales para que la educación sea en realidad un derecho y no un privilegio. Y subraya la importancia de entender la educación como un derecho que se ejerce a lo largo de toda la vida, más allá de la escolarización primaria.

Escolarizar no es suficiente

En este sentido, el ODS4 se fija como meta eliminar las disparidades de género y garantizar el acceso en condiciones de igualdad a personas en situación de discapacidad, pueblos indígenas y niñas y niños en situación de vulnerabilidad. Sin embargo, es importante que ello no se reduzca al acceso, sino que también tome en cuenta toda la escolarización: que incluya materiales, infraestructuras, metodologías pedagógicas, entornos de aprendizaje, así como sus resultados e impactos. Y para que la educación sea accesible y de calidad para todos, su oferta debe ser gratuita.

Desde Educo aplaudimos el nivel de aspiración acordado en el ODS4 y celebramos la coincidencia con el objetivo educativo que nos marcamos el año 2014 en nuestro Plan Estratégico, que dice: “Niñas, niños y adolescentes ejercen y disfrutan de su derecho a una educación equitativa, transformadora y de calidad a lo largo de su vida”.

El lugar central que la agenda de desarrollo sostenible concede a la educación se basa en su reconocimiento como fin en sí mismo y también como medio para alcanzar los demás objetivos. Así, sabemos que la educación contribuye a la reducción de la pobreza y a que ésta no se trasmita de una generación a otra, que facilita que las niñas sigan estudiando y reduce las muertes infantiles prevenibles. También evita los matrimonios infantiles, la maternidad precoz y da voz a las mujeres. Además, existen evidencias de que la educación contribuye a realizar un uso más sostenible de los recursos, especialmente allá donde resultan más escasos y que promueve el crecimiento económico de forma más inclusiva y ayuda a reducir la desigualdad.

Doble reto

Pero para lograr todo esto el reto es doble: primero, las metas nunca se alcanzarán sin la financiación suficiente y sin embargo observamos que desde el 2010 la financiación destinada a la educación ha caído a nivel global más de un 8% y se está viendo relegada en la lista de prioridades de los donantes.; y el segundo reto va ligado al primero, así, los países que más necesitan esta ayuda son los que menos la reciben, lo que implica el reconocimiento tácito de que efectivamente hay personas que se quedarán atrás.

El compromiso de Educo es, desde hace 25 años, trabajar junto a la infancia más vulnerable para que esto no sea así. Trabajamos junto a otras organizaciones y alianzas para alcanzar el objetivo y las metas fijadas en los ODS y velamos para que el compromiso acordado no se vea desdibujado en la práctica y para que los intereses de grupos de poder no consigan desnaturalizar la educación, sino que pueda siempre ser concebida y disfrutada como un derecho para todos y todas y que contribuya a construir un mundo más justo. Como Freire, afirmamos: “La educación no cambia al mundo: cambia a las personas que van a cambiar el mundo”.

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