Que ninguno quede atrás

El año pasado, la ONU aprobó los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS), un compromiso con los derechos humanos que marca el camino de lucha contra la pobreza y la desigualdad, tanto al nivel nacional como internacional y que hay que cumplir en 2030. Estos objetivos se han desarrollado en una hoja de ruta: la Agenda 2030 para el Desarrollo Sostenible, que afronta los desafíos de la población mundial y del planeta. Por primera vez, se han vinculado temas de desarrollo con los problemas ambientales. Algo que valoramos de manera muy positiva, ya que celebramos que los problemas de las personas y su relación con el entorno se sitúen en el centro de la agenda.

Ayer, junto con Futuro en Común, una plataforma de la que formamos parte, presentamos la valoración de esta Agenda que tiene tres ejes principales:

  • La pobreza, que afecta a 2.200 millones de personas en los países en desarrollo y se ha agravado en los países desarrollados afectando a la población infantil, como por ejemplo España que tiene un 29,2% de la población en riesgo de pobreza y es el país donde más ha aumentado este indicador durante la crisis, después de Grecia.
  • La desigualdad, que crece y crece. En España, solo veinte personas acumulan la misma riqueza que el 30% más pobre (según la ONG Oxfam Intermón)
  • La sostenibilidad, ya que el 70% de quienes sufren pobreza extrema viven en áreas rurales, las más sensibles al cambio climático y a la extracción de materias primas.

Desde Educo, subrayamos el carácter universal de esta agenda y la responsabilidad de implementarla tanto en los países desarrollados como en los que están en vías de desarrollo. Ahora ya no existe una separación Norte-Sur como ocurría en los Objetivos del Milenio, anteriores a los ODS.

España, por ejemplo, se encuentra entre los países con los niveles más elevados de desigualdad, tanto si se compara con Europa, como a nivel interno. En cada comunidad autónoma el porcentaje de población expuesta al riesgo de pobreza o exclusión es distinto: el 20% o menos en Madrid, Navarra, País Vasco y La Rioja y casi el 40% o más en Andalucía, Extremadura, Murcia y Ceuta. Además de las disparidades regionales, hay un grupo especialmente vulnerable: el colectivo de la infancia, con un índice de pobreza para los menores de 16 años del 28,8% frente al índice de 21,2% de población general.

Así, creemos que se trata de una agenda más que necesaria pero que presenta dos carencias: la necesidad de un análisis más profundo de las causas que generan la pobreza, desigualdad y destrucción de ecosistemas; y su carácter voluntario, ya que no hay mecanismos vinculantes o coercitivos para su aplicación.

Por ello, hacemos eco de la necesidad de que el próximo Gobierno de España asuma la responsabilidad de establecer indicadores que evalúen el progreso de las metas de la agenda, tanto a nivel cuantitativo como cualitativo.

Por ello, instamos a los gobernantes a que cumplan los objetivos de desarrollo sostenibles que marca la Agenda 2030 —pobreza, desigualdad y sostenibilidad— sin que ninguno de ellos quede atrás, tanto en España como en todas las partes del planeta, y siempre enfrentando sus causas estructurales.

 

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