Qué hacer cuando a tu hijo no le gusta el agua

A la mayor parte de los padres nos cuesta sacar a los niños del agua a la hora de subirse a casa de la playa o la piscina. La mayoría de los chavales son como pececillos, les encanta estar a remojo. Jugar en el agua es una de las mejores actividades del verano, muchos estamos deseando que llegue esta época sólo para ver cómo los críos disfrutan. Además, el medio acuático es genial para hacer ejercicio, descargar tensión, relajarse y sobre todo refrescarse, que no hay quien pare con este calor. Y no hay duda de que a casi todos nos encanta bañarnos, pero casi todos no es el 100%.

Todos los veranos, en todos los grupos de niños hay alguno que odia el agua. No le gusta meterse, siempre le parece que está fría, no quiere meter la cabeza o sale corriendo cuando ve que viene una ola. Es normal. La realidad es que el ser humano es un animal terrestre y para meterse en el agua hay que ser un poquito inconsciente o no tener sensación de peligro. Muchos niños pasan por una época en la que el agua les da miedo y el miedo es libre y hasta un poco normal.

Entendiendo el ‘miedo al agua’

El miedo al agua puede presentarse la primera vez que el bebé se enfrenta con una gran cantidad de agua o aparecer de repente cuando ya es un poco más mayor. El miedo al agua es muy variado y hay niños que incluso odian que se les moje la cabeza con la ducha. Puede deberse a que el niño perciba un verdadero riesgo físico o también por alguna mala ‘maniobra pedagógica’ durante los primeros acercamientos al medio acuático por parte de los padres. El miedo al agua puede constituir cierto riesgo, dicen los expertos, ya que los niños temerosos de bañarse tardarán más en aprender a nadar, incrementando el peligro de accidentes, pero también suele “curarse” de forma natural y sin demasiado esfuerzo: el truco, como siempre es ser paciente.

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Consejos para ayudarle con el miedo al agua

No hay una fórmula mágica y cada niño tiene diferentes formas de superar sus temores. Aquí te damos siete consejos para que junto a ti puedan zambullirse rápidamente en el agua:

1. El primer consejo es directamente para ti: no te agobies. Si tu hijo tiene miedo al agua lo más probable es que dentro de un par de años se le pase por sí solo. Mientras no quiera bañarse y siempre que no vivas en un barco el riesgo de ahogamiento es pequeños: si no se acerca al agua difícilmente le va a pasar algo malo en ella.

2. Dale seguridad. Si el niño se siente inseguro tardará más en superarlo. Meterte con él es fundamental para que se le vaya pasando.

3. Nada de reproches, ni por supuesto mofas. Reírse de los temores de cualquier índole de un niño es la mejor manera de crearle un problema que persista en el tiempo. Y además está feo.

4. Acercamientos progresivos. Ir despacito es la mejor opción.

5. Jamás le obligues. Y por supuesto, nunca jamás le tires de golpe al agua. Además de ser violento y cruel, es bastante peligroso.

6. Si la cosa persiste consulta con un profesional. No siempre la solución está en nuestras manos y a veces hay que contar con la ayuda extra.

7. Si eres de los que prefieres prevenir que lamentar (la mayoría de los niños son capaces de aprender a nadar incluso de bebés), cuenta con profesores de natación. Son profesionales especializados no es que tu hijo no vaya a tener miedo al medio acuático es que no se acordará de que alguna vez dejó de estar rodeado de líquido por todas partes, como cuando estaba en la tripa de mamá.

 

Derechos de imágenes: Yatmandu, AnneCN.

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