Por qué comparar a los niños puede ser peligroso

Comparar es algo casi instintivo y algo que, a veces, nos ayuda a la hora de decidir qué es lo mejor. Pero cuando se trata de hacerlo con nuestros hijos, los expertos aseguran que es una receta para el desastre. Aquí te contamos los tipos de comparaciones que has de evitar y cómo comparar para que resulte positivo para todos.

¿Alguna vez te has parado a pensar cuantas veces has comparado a tus hijos? O ¿a tus hijos con sus amigos o compañeros del cole? Lo hacemos tan a menudo que no reparamos en los efectos que pueda tener. Lo importante es saber qué buscamos cuando comparamos. ¿Cuál es nuestra intención?

Según Sally-Anne McCormack, psicóloga clínica y profesora:

 Comparar está bien siempre y cuando sea una comparación que nace de la observación, no de la sentencia o el juicio.

Parte de nuestra responsabilidad como padres y educadores es motivar a nuestros hijos a sentirse curiosos por seguir aprendiendo e inspirarles a encontrar aquello que les produce felicidad. Ya sea jugando al fútbol, haciendo experimentos científicos o cocinando.

Según este artículo, publicado en el blog BebesyMas, inspirar significa: enseñar a los pequeños a alegrarse por cómo son los demás y que les sirva de motivación para intentar esforzarse en aquello en lo que ellos destacan, en lugar de intentar que hagan lo mismo, y con la misma capacidad, que los demás.”

Sin embargo, aquí, aseguran que las comparaciones también despiertan envidia, sobre todo entre hermanos, llevándolos a los celos y a la lucha por el cariño y la atención de los padres.

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Comparaciones tóxicas

Recuerda que debemos evitar intimidar o humillar a nuestros pequeños.  Somos el espejo en el que se miran así que cuando comparemos intentemos no juzgar sino a aceptar, motivar y a ver lo bueno que hay en todos.

  • “No vales para esto”, “Qué torpe eres” o “Ojalá fueses tan listo como Pedro que siempre saca buenas notas en matemáticas.“ Comparaciones como estas no llevan a buen puerto. Recuerda que los niños se sienten más seguros a la hora de pedir ayuda o a resolver un problema si se sienten aceptados y queridos por quienes son y no por lo que hacen bien o mal.
  • Si reaccionamos desproporcionadamente ante un rompecabezas mal armado o por perder un partido de fútbol, puede llevar a que el niño evite arriesgarse para no defraudarte. Cada niño es único y debemos potenciar su talento y aceptar que hay cosas que les resultan más fáciles y otras más difíciles.

 Cómo comparar de manera efectiva

  • Podemos comparar cuando sea en relación al esfuerzo que demuestran nuestros hijos a la hora de llevar algo a cabo o aprender algo nuevo. “Hace unas semanas, no sabías cómo multiplicar por 2 pero mira que bien te sale ahora.” Tus hijos se sentirán más seguros cuando aprendan a darse cuenta de su propio progreso.
  • También puede resultar beneficioso comparar cuando se trata del progreso y desarrollo del hijo o alumno. “Te distraes mucho en clase en comparación con el resto y creo que por eso vas un poco más atrasado que los demás. Pero cuando te concentras, logras retener mejor la información y rápidamente consigues estar al mismo nivel. Eres muy listo y se te da bien. Te animo a que prestes más atención en clase.”
  • Si a tu hijo se le da bien el fútbol o al otro cocinar y quieres motivarles a aprender el uno del otro, podemos compararles de manera positiva diciendo algo así: “Juan juega muy bien al fútbol y a ti te vendría bien hacer más ejercicio. Quizás, ¿puedas salir al campo a jugar con él y luego le enseñas tu algunos trucos de cocina? Por qué a Juan le vendría muy bien aprender a cocinar.”

Antes de comparar, deberíamos preguntarnos qué queremos conseguir de nuestros pequeños y luego pensar en la mejor manera de motivarles. Sabemos que es difícil pero no imposible. Con un poco de paciencia y conciencia, harás aún mejor tu trabajo.

Derechos de imágenes:  Nattu, Mads Boedker.

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