No somos conscientes del sobrepeso de nuestros hijos

La obesidad infantil es uno de los problemas de salud pública más graves del Siglo XXI tiene un alcance mundial, con una prevalencia que aumenta de forma alarmante cada año. Según la Organización Mundial de la Salud se calcula que en el año 2012, 42 millones de niños sufrían ya esta dolencia, 35 de ellos en países en vías de desarrollo. La obesidad infantil pasó por tanto de 32 millones en 1990 a 42 sólo doce años después en niños entre 0 y 5 años de edad.

La obesidad infantil está asociada a una mayor prevalencia de enfermedades durante la edad adulta, tales como diabetes, síndrome metabólico o enfermedades cardiovasculares. La obesidad por tanto disminuye no sólo la calidad de vida sino que aumenta la morbilidad y reduce la esperanza de vida de los adultos.

Según la OMS si se mantienen las cifras actuales en el año 2025 habrá 70 millones de niños menores de 5 años con sobrepeso en todo el mundo.

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La obesidad infantil está más relacionada con la mala calidad de los alimentos y con el sedentarismo que con una gran ingesta de comida. La comida basura, hipercalórica y con alto contenido en grasas y azúcares, y la falta de ejercicio son algunos de los factores que promueven este trastorno, pero no los únicos y la obesidad infantil “no está relacionada únicamente con el comportamiento del niño, sino también, cada vez más con el desarrollo social y económico y las políticas en materia de agricultura, transportes, planificación urbana, medio ambiente, educación y procesamiento, distribución y comercialización de los alimentos”.

¿Qué podemos hacer?

La primera recomendación de la OMS contra la obesidad infantil es clara: lactancia materna. La lactancia materna exclusiva hasta los seis meses y con un minimo de dos años de duración protege a los niños frente a la obesidad. Muchos niños son obesos prácticamente desde el nacimiento. Usar las tablas de peso de la OMS es ya una obligación en cualquier consulta pediátrica, puesto que los niños alimentados con lactancia artificial crecen con un ritmo distinto que pueden conllevar problemas posteriores.

Una alimentación adecuada y ejercicio físico suficiente serían los siguiente pasos en niños no lactantes y sobre todo concienciación, social y familiar.

Un estudio realizado por el NY Langone Medical Center de EEUU nos avisa de que los padres en general no somos capaces de percibir claramente si nuestros hijos tienen sobrepeso, infravalorando el problema en estadios tempranos, cuando la solución es sencilla.

Según este estudio el 95% de padres de varones y el 90% de padres de niñas creen que sus hijos tienen un peso correcto cuando en muchos casos no es así. El estudio se ha realizado en dos fases, la primera entre 1988 y 1994 y la segunda entre 2007 y 2012, encontrándose que los porcentajes prácticamente no han variado a pesar de que los niños de ahora están bastante más gordos.

Entender que la obesidad infantil es más que un problema estético y promover políticas sociales integrales que ayuden a reducirla – como campañas de apoyo a la lactancia materna – es fundamental para reducir el impacto que este trastorno tendrá sobre la salud de los adultos del futuro.

Derechos de imágenes: Pink Sherbet Photography, USADAGov.

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