Mi hijo pega a los demás

Una de cosas más difíciles de asumir cuando se es padre es observar comportamientos negativos en nuestros hijos que resultan imposibles. ¿De dónde lo habrán sacado? Esa es una de las preguntas que nos hacemos cuando el colegio llama para informarnos de que nuestro hijo o hija ha pegado a un compañero o cuando hemos sido testigos de un comportamiento agresivo en el parque. Hoy te contamos las claves para entender las posibles causas y qué hacer cuando ocurre.

Desde Aha Parenting,  aseguran que los niños de 4 años, no todos, suelen pasar por lo que los expertos llaman “el estado del malestar” y esto se manifiesta intimidando y pegando a los demás. Se debe, dicen, a la necesidad de ejercer control, de poner a prueba los límites impuestos y a rebelarse contra un tratamiento que ellos consideran injusto. Quizás pegue a otros porque a él o ella le pegan en el cole.

Si este es tu caso, recuerda que solo tienen cuatro años y lo que buscan es aprender a poner en práctica su poder y autoría. Nosotros somos los que debemos ayudarles a hacerlo de manera responsable, enseñándoles a manejar sus emociones y acciones.

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Recuerda, que los golpes y mordiscos son, hasta cierto punto, normales en los más pequeños y esto no significa que vaya a convertirse en un acosador.

La clave está en hacerles ver que estar enfadado o sentir rabia no solo es comprensible sino, humano. Pero siempre, siempre hay una manera positiva de resolver los conflictos. Y para eso estás tú, dando ejemplos y siendo un modelo a seguir. ¿Te has parado a pensar cómo reaccionas tú ante un disgusto, una afrenta o un problema?

La agresividad en los niños más mayores también puede ser el resultado de la exposición a la violencia en los videojuegos y películas. Si quieres descubrir cómo afectan a los niños, no dejes de leer este post, publicado aquí en Cuaderno de Valores.

En el caso más extremo, la violencia de género, suele ser un buen indicador de un mal comportamiento en el sentido de que detrás de las mujeres maltratadas están los niños que viven con ellas y el efecto traumático que tiene en los pequeños, aunque no sean testigos directos del maltrato, incluye trastornos físicos, emocionales, cognitivos, conductuales y sociales.

¿Qué puedo hacer?

Poner límites sin ejercitar el uso del poder. Cada vez que usamos nuestra fuerza, ese tono de voz elevado, una mano amenazante o una palabra negativa, les estamos enseñando a cómo comportarse. Cuando pongas límites hazlo de buena manera, integrando la empatía. Recuerda que muchos niños aun no saben cómo expresarse verbalmente y cuando se comportan mal, lo que necesitan es alguien que les escuche, que les abrace y les ayude a resolver su malestar.

Hablar con sus profesores. Seguramente, sabrán qué tipo de situaciones funcionan como gatillo de su agresividad (al final de la tarde cuando está cansado, nada más llegar al cole y separarse de ti, cuando se ve rodeado de mucha gente en el comedor…).

Pregúntales qué suelen hacer ellos en la clase. Si estás de acuerdo, intenta implementarlo en casa. Si el mensaje es el mismo, tendrá más efecto.

Cuidado con lo que dices. Procura no etiquetarle con palabras como “bruto, agresivo, maltratador, malo…” En su lugar intenta utilizar palabras como: difícil, tenso, provocador…

Hazle ver sus puntos positivos. Todos los tenemos y es importante acordarse de cuales son. Haz memoria y recuerda en voz alta los momentos en los que ha podido conseguir algo gracias a su buen comportamiento. Hacerle ver todo lo bueno que es, cuando quiere, le hará sentirse mejor consigo mismo y con los demás. No dejes de crear situaciones positivas y pasar tiempo a solas con él o ella.

Hazlo parte de tu problema. Cuando se trabaja en equipo, resulta eficaz y divertido. Si le haces ver a tu hijo o hija que su comportamiento negativo es una cuestión familiar y que entre todos, haréis lo posible para resolverlo, se sentirá aliviado y acompañado.

Otra manera de apaciguar la agresividad es riéndose y jugando. Pero sobre todo, hablando y creando un buen canal de comunicación con nuestros hijos. Hablándoles siempre con empatía y cariño. Últimamente, he notado que te enfadas con facilidad. ¿Quieres contarme lo que te ocurre? Estoy aquí siempre que me necesites.

Derechos de Imágenes: Gabriel KornischDaniel Arauz

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