Los primeros años: un lienzo en blanco que hay que pintar

 

¿A qué edad se generó tu primer recuerdo? ¿Tendrías unos tres o cuatro años verdad? Te has preguntado alguna vez cómo fue tu vida durante esos primeros años? ¿Dónde han quedado las mil experiencias y descubrimientos que te asombraron antes de que se fijara ese primer recuerdo? Estamos hablando del periodo más enigmático y difuso de la vida humana, nuestra especie padece de amnesia colectiva en lo que a la primera infancia se refiere.

Quizá por eso hemos asumido que la educación estructurada solo empieza cuando tenemos la memoria consolidada y que los primeros años de nuestras vidas son un mero periodo de desarrollo y crecimiento instintivo previo al aprendizaje formal.

Si esto es cierto, ¿por qué científicos y educadores de todo el mundo están alarmados ante el creciente fracaso escolar debido al estrés, mala salud mental o incapacidad de adaptación de los estudiantes?

Para resolver esta paradoja investigadores en todo el mundo están dirigiendo sus esfuerzos al estudio de cómo aprende el cerebro. Los resultados apuntan de forma clara hacia esa época en nuestras vidas de la que no nos acordamos, no solo antes de ir al cole, sino incluso antes de nacer. Lo que ocurre en nuestros cerebros en estos primeros años va a determinar nuestra capacidad de aprender en el futuro. Paradójicamente son precisamente las experiencias de la primera edad las que con mayor intensidad van a condicionar nuestras habilidades y conductas para el resto de nuestras vidas.

Los avances científicos en este sentido están obligando a replantear como entendemos la educación y la estimulación temprana de nuestros hijos. Científicos, gobiernos , educadores y padres en todo el mundo están conformando una nueva disciplina denominada ECD que son las siglas en inglés de Early Childhood Development (desarrollo en la edad temprana). Tan es así que el desarrollo y estimulación del ser humano en sus primeros años ha sido reconocido por UNICEF como “la clave para una vida completa y productiva y para el progreso de los países”.

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Si bien estamos hablando de una disciplina de vanguardia en la que todavía hay mucho por aprender, he aquí algunos consejos ya asumidos que te pueden ser muy útiles con tus hijos menores.

  • Habla mucho con tu bebé: aunque pienses que no te entiende está demostrado que el número de palabras que un niño escucha en sus primeros años determina su riqueza de vocabulario en el futuro. No dudes tampoco en leerle cuentos o contarle historias en voz alta Su cerebro está creando las conexiones necesarias para el dominio del lenguaje y se va a notar la diferencia.
  • Canta, baila y pon música en su presencia : no se trata de modelar sus gustos musicales, sino más bien de aprovechar el poder de la música como vehículo para desarrollar habilidades de movimiento, sincronización y ritmo físico y mental.
  • Juega mucho con él y también déjale jugar solo: Se trata de la actividad que mejor promueve el aprendizaje, es muy conveniente que le estimules compartiendo todo tipo de situaciones, pero también que le dejes descubrir y explorar por su cuenta.
  • El sueño es importante: Recuerda que su cerebro se está formando y en este proceso el descanso y las diferentes fases del sueño son una clave decisiva para su buen desarrollo neuronal.
  • Crea un ambiente tranquilo en el que se sienta seguro: en los primeros años es fundamental evitar al máximo el estrés ambiental en su entorno. A esta edad el cerebro ya está preparado para identificar riesgos pasando al modo supervivencia que impide una relación fluida con su entorno y limita su aprendizaje.

El oficio de ser padres ha sido definido como uno de los más complejos y sin embargo no existe una formación específica para ejercerlo. Tradicionalmente nos basamos en la intuición, las experiencias propias y la buena voluntad. En la medida en que todos hemos sido hijos antes que padres este enfoque parece haber sido suficiente hasta ahora. Sin embargo, en lo que se refiere a los primeros años de vida la ciencia está demostrando que se trata de un periodo mucho más importante de lo que suponíamos. Como padres debemos aprovechar esta oportunidad única para sentar las bases de su desarrollo, capacidades de aprendizaje, habilidades ejecutivas y control emocional en el futuro de nuestros hijos.

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