“Lo que aprendí de Educo ahora es útil a mucha gente”

El verde cubre los campos en el área rural de Mymensingh, en Bangladesh. La niebla de la mañana crea una atmósfera encantada. Su trabajo comienza tan pronto como sale el sol, con el canto del gallo. El nombre de este joven seguro de sí mismo es Ibrahim y tiene 27 años. Es un joven muy trabajador, pero analfabeto. Vivía con su familia bajo las duras condiciones de la extrema pobreza y el desempleo. Tenía que hacer algo, pero no tenía tierra propia, ni dinero, ni educación, ni hogar. Pasó mucha hambre. Pero entonces, en 2009, empezó a involucrarse en el grupo de autoayuda, una de las iniciativas de Educo en la comunidad de Poddipara. Y las cosas empezaron poco a poco a cambiar: recibió formación en avicultura, cultivo de hortalizas y agricultura, entre otras, y obtuvo muy buenos resultados. Tantos, que con otros nueve jóvenes pudo empezar a ahorrar.

Abrieron cuentas en el banco en las que cada uno tenía que depositar 50 takas cada quince días. Juntos pensaron en qué querían invertir sus ahorros y decidieron empezar a cultivar verduras, caña de azúcar y banano. Al principio no tuvieron mucho éxito con el cultivo de la calabaza. No perdían dinero, pero no obtenían mucho beneficio. Ibrahim empezó a aplicar todo aquello que había aprendido en el grupo de autoayuda y alquiló tierras para el cultivo de calabazas, otras para la producción de patata, banano, calabaza y kakarul y otras más para la producción de caña de azúcar.

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Con la asesoría de Educo, la producción de calabaza fue muy buena ese año. También la de coles, plátanos y patatas. Ibrahim mira el campo con gran satisfacción y sueña con arrendar más tierras. Quiere hacer algo por los jóvenes desempleados de la comunidad, involucrarles en algo más productivo que pasarse el día en los puestos de té o jugando a la carambola.

Algunos de estos jóvenes, después de visitar los proyectos de Ibrahim, ya han empezado a trabajar. “Es un placer que, aun siendo analfabeto, muchas personas me pidan consejo“, explica contento Ibrahim y detalla todo aquello que le preguntan: “Qué es mejor cultivar ahora y qué dentro de dos meses, qué semillas son buenas, qué fertilizantes son respetuosos para el medio ambiente y no son dañinos para las personas… Lo que aprendí de Educo ahora también es útil a otra mucha gente”.

Ibrahim también suministra huevos y plátanos para desayunar a los estudiantes de algunas escuelas de Educo. “Pasé días terribles cuando no tenía ni para comprar medicamentos para mi esposa ni alimentos para mi bebé. Tuve que dejar la escuela y ponerme a trabajar con mi padre. Ahora puedo comprar ropa varias veces al año y cuidar de mi familia, no nos falta comida. Mi hija ha cumplido tres años y quiero que vaya a la escuela. Yo no pude, pero mi hija tendrá la oportunidad de ir a la escuela“.

Muchos de los miembros de los grupos de autoayuda son ahora autosuficientes, seguros de sí mismos. Ibrahim es un ejemplo para todos en la zona. “La vida se vuelve compleja si no trabajamos. La confianza en nosotros mismos nos da fuerza para trabajar duro. Si lo conseguimos no tendremos necesidad de pedir prestado a nadie. No tendremos que ayunar. La magia de ser autosuficientes está en nuestras propias manos”.

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