Le has comprado un móvil y ¿ahora qué?

¿Cuál es la edad adecuada para tener un móvil propio? Se trata de una pregunta que probablemente ya te has hecho. Si no es así, no te preocupes porque tus hijos menores te la van a plantear más pronto que tarde. Si no sabes qué hacer, bienvenido al club porque la respuesta no es sencilla ni categórica y va a depender sobre todo del grado de madurez y responsabilidad de tus hijos. Como en tantas cosas relativas a la educación, tú tienes mucho que decir en la formación de ese sentido de responsabilidad y sentido común que va a ser la clave para tomar la decisión de comprarles un móvil.

Tus hijos probablemente jugaban con una Tablet o con tu móvil desde los 3 o 4 años. Han nacido en la red, y no van a tener ningún problema en cuanto a habilidad técnica. En este aspecto ya has sido superado, no le des más vueltas. La clave va a estar en tu valoración de su grado de madurez y en tu confianza en el cumplimiento de un pacto de caballeros al que necesariamente deberéis llegar.

En España prácticamente tres cuartas partes de los niños disponen de un móvil propio a los doce años. Algunos expertos opinan que es demasiado pronto y probablemente tienen razón pero la realidad es que te va a ser difícil retrasar esta fecha debido a la presión ambiental que supone que el resto de compañeros ya dispongan de su propio dispositivo. Como hemos comentado antes, hay que compensar esta circunstancia con un pacto que implique supervisión por tu parte y asunción de responsabilidad por parte de tus hijos. He aquí algunas reglas y criterios que os ayudarán a enfocar correctamente esta situación.

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El poder de adicción: entregarles un móvil para su uso indiscriminado sin supervisión puede compararse a dejar a su alcance una sustancia adictiva. No es que tus hijos no sean responsables, de hecho en muchos aspectos lo son más de lo que lo éramos nosotros a su edad. El problema es que un móvil abre un mundo nuevo de posibilidades para las que su cerebro no viene equipado de fábrica. A los doce años, el cerebro no está totalmente formado y a los pre-adolescentes les resulta más difícil resistirse a las tentaciones de las redes sociales, los videojuegos y la visualización de todo tipo de contenidos. Si tú mismo te sientes enganchado a la red en muchos momentos, considera el posible efecto en un cerebro adolescente.

Un pacto con supervisión: ciertamente que tus hijos dispongan de un móvil te va a permitir mantenerte en contacto constante lo que redunda en tranquilidad. Deben entender que las normas iniciales que les planteas son importantes y no solo un rollo más de mis padres. En ocasiones es buena idea “formalizar” un contrato escrito cuyas cláusulas se negocian y explican antes de redactarlas. Parece una tontería pero es un buen método para obligar a ambas partes a una reflexión sobre la importancia y razones de este pacto.

Usa los controles parentales: no lo veas como una intromisión, es más una obligación inicial por tu parte que debes explicar y razonar con ellos. Considéralo como un periodo de un año en el que vais a crear juntos las bases de una utilización responsable y segura del móvil.

Integra el tema en vuestras conversaciones diarias, comentando tus propias experiencias y las situaciones de riesgo que se pueden encontrar. En las primeras semanas puede ser buena idea sentarse juntos y repasar la actividad de su teléfono comentando la jugada. Esto no debería ser un problema si lo habéis acordado y razonado previamente.

Recuerda que el derecho a la intimidad de tus hijos no es automático sino que se construye con responsabilidad y con vuestra implicación y dirección como padres.

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