La personalidad y los hábitos alimentarios

Si hace unos días hablábamos de la importancia del papel de los padres en el desarrollo de lo que se conoce como ingesta emocional (el uso de la comida que algunas personas hacen para aliviar el estrés y que en muchos casos empieza a generarse en la primera infancia) hoy tenemos que hablar de la otra cara de la moneda, porque los padres no somos los culpables de todo lo que hacen nuestros hijos.

Y es que según algunos estudios el carácter de cada niño puede, al margen de la actitud paterna, estar implicado en la relación de nuestros hijos con la comida.

Así, algunos niños tendrían más tendencia a utilizar la comida como consuelo, principalmente alimentos con contenidos altos de azúcar o de grasa, independientemente de que los padres fomenten este hecho o no.

Factores como ser muy extrovertido, benevolente, concienzudo, un poquito neurótico o tener mucha imaginación podrían afectar a la forma en que nuestros hijos se relacionan con la comida. Entre estas características el factor “género” también sería importante según los investigadores. Y así, entre los seis y los doce años, las niñas más benevolentes y con mayor imaginación consumirían más frutas y verduras al igual que los niños más extrovertidos y más concienzudos, mientras que por otro lado las niñas y niños más nerviosos, menos benevolentes y menos concienzudos consumirían mayores cantidades de refrescos azucarados, como decimos, independientemente de la actitud de sus progenitores.

El caracter de los niños es una mezcla entre factores biológicos y factores ambientales, es decir, nacemos con ciertas capacidades, aptitudes y actitudes o tendencias que vienen de serie y que son propias de cada uno de nosotros por biología pura, pero todas estas capacidades o facetas de nuestro carácter se van modulando a lo largo de la vida para conformar quienes somos, sobre todo durante la infancia y hasta la adolescencia.

Cambiar nuestros genes no es posible, pero sí que lo es modificar las circunstancias que nos rodean. Resulta obvio decir que si una niña nerviosa además tiene padres que utilizan la comida como premio o castigo sus hábitos alimentarios serán peores que si los padres se toman el tema de la comida con cierto respeto. Y por supuesto también resulta obvio decir que cuanto mayor es el acceso a la comida saludable y menos comida basura hay en casa menor será la tendencia a usar esta como forma de consuelo.

Además, el sesgo por género nos indica que la sociedad en pleno tiene también su papel a la hora de generar niños comedores emocionales. Los anuncios, los regalitos de las hamburgueserías y los estereotipos de género en general van a contribuir al desarrollo de estos patrones dañinos de comportamiento. Un ejemplo, a los niños se les permite mayor extroversión pero menor benevolencia, ambas características que fomentan la alimentación saludable.

Y es que como decimos siempre, el tema de la obesidad infantil es una cuestión de todos.

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