La paternidad, un contrato que nunca se extingue

¿Habéis oído hablar del síndrome del nido vacío? ¿Ese temido o esperado momento en que el último de vuestros hijos abandona el hogar para vivir una vida independiente? Se trata de una situación en la que vais a experimentar sentimientos contradictorios. Por ello es importante reflexionar sobre lo que está ocurriendo y qué podemos hacer para renovar nuestro papel de padres que, aunque os lo pueda parecer, ni mucho menos ha terminado.

Probablemente has educado a tus hijos para que sean independientes, pero una vez se han ido de casa lo mas seguro es que eches de menos su compañía diaria o que te preocupes por cómo les irá sin tu asistencia constante. Tampoco te resultará sencillo ese hueco emocional que se crea porque te va a tocar reinventar la relación que tendrás con ellos a partir de ese momento.

En realidad se trata de un periodo ambivalente que también presenta ventajas y oportunidades de crecimiento personal. Puede incluso que sea el momento para mejorar la calidad emocional de la pareja o crecer personalmente al disponer de más tiempo e incluso dinero para intereses personales que anteriormente no cabía plantearse.

Lo que está claro es que la paternidad nunca se acaba, una vez tenemos descendencia nuestra condición de padres se mantiene el resto de nuestras vidas. El final de la adolescencia de vuestros hijos no es el final de vuestra existencia como padres. Se trata más bien de una transición en la que aparecen nuevos valores y retos y sobre la que conviene reflexionar de antemano. Tengamos en cuenta que el resto de nuestras vidas vamos a tener que reinventar el papel de padres, por lo que va a ser necesaria una cierta dosis de flexibilidad constante.

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Hay tres aspectos especialmente sensibles que tendremos que aprender a manejar para seguir ejerciendo nuestra paternidad de una forma sana y útil para nuestro hijos adultos:

  • La tolerancia. Si perteneces a una generación sándwich y te encuentras entre tus padres mayores y tus jóvenes hijos independientes te va a ser mas fácil entender las implicaciones que para tus hijos tiene establecer una nueva relación contigo. Recuerda que tu lo tuviste que hacer en su momento con tus padres y es posible que todavía sigas haciéndolo. Recordarás tus momentos de irritabilidad e impaciencia y te será mas fácil entender que los cambios de valores en cada generación pueden crear distancias y romper puentes que hay que saber reconstruir. Si tus padres no fueron perfectos, tu tampoco lo eres y tus hijos tampoco van a serlo. La simple comprensión de este hecho puede ser la ayuda más efectiva para reorientar el cambio en vuestro papel de padres.
  • La adaptación reversible. Se trata de un fenómeno curioso, cuando nuestros hijos son jóvenes nuestro esfuerzo principal se centra en conseguir que se desarrollen y adapten a un entorno creado por nosotros. Cuando se convierten en adultos independientes empieza a ocurrir lo contrario. Se trata más de que nosotros nos adaptemos a sus estilos de vida y de entender y respetar sus valores y proyectos.
  • El descenso en la clasificación. Este término deportivo visualiza muy bien la sensación de perder el papel de protagonistas en la vida de nuestros hijos. Una vez encuentren pareja estable dejamos de ser las personas mas importantes en sus vidas, evidentemente esto no cambiará cuando tengan hijos. Es la paradoja de haber hecho las cosas bien como padres, de haber criado seres independientes que crecen de forma sana en sus vidas emocionales.

Probablemente uno debería empezar a prepararse para este momento mucho antes de que los hijos abandonen el hogar. Cultivar las amistades, las aficiones y la inquietud profesional durante toda la vida nos ayudará a sentirnos completos para mantener una relación sana con nuestros hijos. Sin demandas ni presiones emocionales el resto de nuestras vidas. Recuerda, un día se irán de casa, enséñales a hacerse mayores con tu ejemplo.

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