La educación como base de la prevención de la violencia de género

Los datos sobre violencia de género en adolescentes son, sin duda, absolutamente alarmantes. Muy lejos de estar en vías de erradicar esta terrible lacra social, que marca a cientos de miles de mujeres en nuestro país, parece que entre los adolescentes la violencia de género no sólo es enormemente elevada, sino que además está incluso más normalizada que entre adultos. Según las encuestas, más del 80% de los jóvenes ha presenciado conductas violentas en las relaciones de parejas de su edad.

Y es que la socialización sigue fomentando desde la primera infancia los estereotipos de género que promueven después este tipo de violencias. Hombres fuertes y mujeres vulnerables siguen siendo los cánones que todos tenemos que cumplir si queremos que la sociedad nos acepte y así construyen su identidad de género nuestros chavales. Todavía.

violencia adolescentes

¿Cómo se generan las relaciones desiguales?

Algunos experimentos con carácter más o menos empírico nos avisan de que no tratamos igual a los niños que a las niñas, ni siquiera cuando son bebés. Más allá del uso de pendientes o de colores típicos como rosa para niñas o azul para niños, la interacción con nuestros hijos (o alumnos) es diferente si son chicos o chicas, fomentando que la identidad se construya de forma diferente en función del sexo. Así a los niños se los trata con menor ternura, la comunicación es más brusca y se promueven conductas más activas e incluso agresivas mientras que se inhiben emociones más asociadas a lo femenino como la tristeza o el miedo. “Los chicos no lloran” sigue siendo la base de la educación diferenciada de nuestros peques.

La educación en igualdad desde la primera infancia, e incluso la crianza respetuosa, son esenciales para erradicar la violencia de género, una lacra social intolerable en un país “civilizado”. Pero para educar en igualdad hay que saber primero qué es la desigualdad y cómo se genera, así que, para tener hijos igualitarios lo más probable es que seamos primero los padres los que tengamos que hacer un esfuerzo de reeducación.

Para desterrar mitos como que “los niños son más brutos pero más nobles”, “tener miedo es de nenazas” o “quien bien te quiere te hará llorar”, sin duda primero hay que aprender a identificarlos, sobre todo esos relacionados con el amor romántico. Y es que la violencia de género se sustentan en mitos como la media naranja, que el amor todo lo puede, que cuanto más se sufre más se ama o que los celos y el control son muestras de amor. Así lo demuestran las encuestas entre adolescentes, que aseguran que es normal que el hombre controle un poco a la mujer o que la mujer tiene que cuidar de la casa y de los hijos. Sí, así estamos todavía.

Las películas, las canciones, los anuncios…todo lo que nos rodea condiciona la forma en que nos construimos como personas, favoreciendo creencias que después pueden traducirse en comportamientos violentos. Las chicas ya no deben ser princesas, los niños no tendrían que ser héroes. Educar en la igualdad es imprescindible si queremos una sociedad justa y para ello, los primeros hemos de ser nosotros. Revisarnos, preguntarnos, mirarnos y comprender cómo nuestro ejemplo puede estar condicionando a nuestros hijos es clave para que las próximas generaciones puedan vivir libres de violencia.

Derechos de fotografía: quapan. B Rosen

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