Los Hatchimals molan más que Furby y Tamagotchi

Los Hatchimals trajeron de cabeza a muchos padres la pasada Navidad: imposible encontrarlos en ninguna tienda física. Su precio se disparó en plataformas online como Amazon (donde se vendía a 40 euros más de su precio inicial) e incluso hubo quien hizo negocio con ellos en eBay como los estadounidenses hermanos Zappa. ¿Estadounidenses? Sí, la locura Hatchimal se produjo a nivel mundial, y aún meses después, papás de todo el globo se preguntan qué tiene este híbrido, mitad Furby y mitad Tamagotchi, para ser el juguete electrónico de moda. ¿Por qué molan los Hatchimals?

Vayamos por partes. Primero, hablemos de Furby. Si creciste en los 90 recordarás que este juguete robótico; electrónico por dentro y peluche por fuera, también desató pasiones entre la comunidad infantil. En 1998, cuando Hasbro lo lanzó por primera vez se convirtió en un éxito instantáneo, provocando largas colas de padres con niños esperando en las tiendas de juguetes y llegando a vender más de 27 millones de ejemplares en el primer año de comercialización. Entonces tampoco se entendió por qué esta mezcla de ratón, gato, murciélago y búho, disponible en varios colores y con capacidad para aprender a hablar, gustaba tanto. Pero lo hacía, todos los niños querían uno. De hecho, el boom fue tal que Hasbro quiso repetirlo en 2012 relanzando el juguete con una particular novedad: Furby cambiaba sus ojos saltones por pantallas LCD y sacaba su propia aplicación para iOS.

Otra mascota electrónica que revolucionó el mercado fue el Tamagotchi. Se trataba de un aparato con forma de huevo con una pantalla en blanco y negro pixelada donde se podía ver a un bichito virtual. La gracia era que había que cuidarlo como un animal doméstico, darle de comer si tenía hambre, dormirlo si manifestaba sueño y jugar con él, si quería jugar. Toda una revolución por aquel entonces, y que hoy día sigue disponible.

Y ahora que los tiempos han cambiado y evolucionado tan rápido, aparecen los Hatchimals, unas criaturas peludas metidas dentro de un huevo de un material similar al plástico. La idea es que los niños deben colmarla de cuidados con la promesa de que cuando sea el momento adecuado, romperá el cascarón por sí misma. La forma de interactuar con el huevo es a través de la tecnología touch, es decir, tocando. Cuando das golpecitos al cascarón el Hatchimal, responde; si acaricias la parte superior o lo inclinas, se ilumina y emite sonidos. “¿Qué será?”, se preguntan los niños con expectación, porque hay dos clases de Hatchimals: Pengualas y Draggles, y como sus nombres indican, las criaturas están inspiradas en pingüinos, koalas y dragones.

Si se juega aproximadamente 30 minutos de forma intensa, el Hatchimal picotea el huevo y sale al mundo. Una vez ha nacido tiene 4 fases más, y para completarlas, hay que estar atento a sus necesidades. La mascota se comunica a través de luces de colores para decirnos si tiene hambre, sueño, quiere jugar, está enferma, necesita mimos, etc. Cada luz y cada parpadeo significa una cosa, tal y como explican en este post del blog Palacio del juguete. Cuanto más lo cuiden tus hijos, más rápido crecerá e incluso aprenderá a hablar, bailar, responder a preguntas, etc.

Hatchimals, Furby y Tamagotchi-2

Hatchimals: mitad Furby, mitad Tamagotchi

Está claro que los Hatchimals tienen una gran similitud con Tamagotchi. Habrá quién diga que es su versión del siglo XXI, una especie de evolución, ya que ambos se basan en la misma idea: cubrir las necesidades básicas de una mascota. Ahora bien, a diferencia del Tamagotchi (que no pasaba de la pantalla), el Hachimal es un peluche electrónico que anda, habla, demanda mimos, juegos y comida de una forma real. Los Hatchimals son palpables, Tamagotchi no.

Y aquí es donde entra en juego la semejanza con Furby. Ambos son adorables criaturas con grandes ojos que no existen en el mundo real; hablan, se mueven y van adquiriendo habilidades a medida que los niños pasan tiempo con ellos. El nuevo Furby Connect, de hecho, se vincula a una app gracias a la cual, el juguete recibe actualizaciones y puede aprender cosas nuevas. Esto no ocurre con los Hatchimals, que de momento no necesitan una aplicación, y esto hace que quizás estén más limitados en el apartado.

Aún así, los niños los prefieren antes que Furby, ¿por qué? Básicamente porque el proceso de eclosión del huevo Hatchimal les parece emocionante. Los niños no saben qué tipo de Hatchimal está dentro, y tienen que cuidarlo antes de que salga del cascarón. “Hasta donde sabemos, un juguete que sea capaz de romper su propio cascarón no había sido fabricado antes”, dice James Martin, líder de la unidad de robótica de Spin Master (empresa matriz responsable del juguete), en este artículo de CNN. La cuestión es que, una vez que nace, algunos niños pierden el interés por la mascota, a pesar de que se puede jugar con el Hatchimal hasta que se hace adulto y reiniciarlo a su fase bebé cuando llega a evolucionar del todo.

Lo que es indiscutible es que los Hatchimals usan la electrónica para que nuestros hijos aprendan el sentido de la responsabilidad a la hora de cuidar algo. Y esto es de agradecer en una era digital en la que a veces los niños no aprenden a través de las nuevas tecnologías sino que se ven expuestos a las pantallas de un modo pasivo.

¿Qué prefieren tus hijos: Hatchimals, Furby o Tamagotchi?

Derechos de imagen: Spin Master

Publica tus comentarios