Fomentar una buena relación con la comida

Comer no es sólo comer. Los primates no humanos, animales gregarios como nosotros, no comen sólo para alimentarse. La comida es uno de los centros de la organización social de todos los animales que viven en grupo y por supuesto, también de los seres humanos. Comer es comer, pero comer también es un acto social y está relacionado en muchas ocasiones con asuntos tan aparentemente extraños como la posición jerárquica en el grupo. Los bonobos, por ejemplo, prefieren compartir comida a comer solos, aunque tengan mucha hambre y aunque toquen a menos. En algunos experimentos los niños pequeños también lo hacen espontáneamente. Nuestra relación con la comida no sólo es importante para nuestra salud física – el índice de masa corporal durante la infancia puede predecir problemas de salud futuros – sino también para nuestra salud mental y nuestra “salud social”.

De qué comemos, cómo lo hacemos y cómo nos relacionamos con quienes comen con nosotros cuando somos pequeños, aunque no lo parezca, puede depender nuestra relación futura con la comida. La comida, además de un alimento, es un placer y llevarse bien con ella es fundamental para nuestra felicidad.

Tips para un buen comer

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Los niños vienen provistos de sistemas de autorregulación más o menos finos que les indican cuándo, cuánto y qué comer. Mucho más ajustados cuando son recién nacidos, las sensaciones de hambre y saciedad vienen reguladas por mecanismos fisiológicos comunes con el resto de animales, o por lo menos con el resto de mamíferos. Es por este motivo que los pediatras recomiendan alimentar a los bebés a demanda, tanto si toman el pecho como si toman biberón. Retrasar las tomas de pecho – en un intento inútil de controlar la lactancia – u obligar al niño a tomarse todo el biberón porque estás siguiendo una tabla, lo único que consiguen en es que estos mecanismos se fuercen, se desequilibren y empiecen a funcionar mal.

El asco es una emoción primaria que nos protege de las intoxicaciones. Cuando algo te da asco, lo mejor es no comerlo. Cuando algo le da asco a un niño, lo mejor es hacerle caso. Ignorar el asco sólo sirve para que el niño desaprenda a escuchar a su propio cuerpo. Y no, los niños no tienen que comer de todo, basta con que coman balanceado.

“Esta por mamá”. Distraer a un niño haciendo el avioncito, hacerle chantaje emocional – si me quieres te comerás los espaguetis -, amenazarle, usar la comida como refuerzo o castigo ante algunos comportamientos, además de interferir con los mecanismos de autorregulación del niño, sienta las bases para una comunicación bastante tóxica. Los chantajes y las amenazas no son una buena forma de comunicarse con nadie, cuando sea adolescente será tarde.

En el mundo desarrollado, donde muy pocos niños sufren problemas severos de desnutrición – crisis aparte -, uno de los grandes problemas de salud infantil es la obesidad. En los países en vías de desarrollo o en aquellos en los que la crisis económica ha afectado más duramente a la población infantil, la desnutrición coexiste con la obesidad. Los niños tienen capacidades innatas para saber qué comer. El truco es intentar que no prueben el chocolate. Y los expertos coinciden: nunca, nunca se debe obligar a un niño a comer.

Derechos de fotografía: navainlo, simon blakley

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