Feliz y ordenado año nuevo

Si miras debajo de la cama de tus hijos o echas un vistazo a sus habitaciones después de jugar, es posible que tengas la tentación de pensar que no tienen remedio. Este tipo de claudicación supone un error de gran calado, que te va a afectar a ti, al orden en tu casa y sobre todo al futuro de tus hijos en cuanto a su habilidad para organizarse en el futuro.

Lo primero que es necesario entender es que el hábito del orden y la capacidad de organizarse no son un patrimonio generacional perdido, nuestros hijos no tienen una genética diferente que les impida organizarse. Tú no naciste con el hábito del orden, es muy probable que tus padres pensaran también en algún momento que eras un caso perdido. Así que antes de tirar la toalla y aceptar que te toca hacer de coche escoba de tu familia recuerda que ir de víctima no va a ser bueno para tus hijos. Estamos hablando de una de las habilidades que más les van a ayudar en adelante, la capacidad de organizarse simplificando las tareas.

Probablemente no hay mejor momento del año que su comienzo para establecer nuevos propósitos y objetivos. Si te interesa conseguir que tu familia se organice mejor y que tu hogar refleje una forma eficaz de funcionar para todos, aquí tienes algunos consejos que te ayudarán a conseguirlo:

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Organiza a tu familia para un año de buenas sensaciones

  • Adapta el orden a las necesidades reales, pregúntate por ejemplo cuáles van a ser las actividades principales de tus hijos en los próximos meses; qué espacios de trabajo, diversión y almacenamiento van a necesitar.
  • Crea una conversación inicial sobre como deberían funcionar los espacios compartidos de la casa. En general todos tenemos una preferencia natural por los espacios ordenados y limpios de ruido visual. La diferencia como en tantas cosas está en el grado, de manera que antes de llegar a un compromiso común es importante analizar cuál es el nivel promedio de orden que los miembros de tu familia necesitan y cuál es la forma de cada uno de utilizar los espacios comunes.
  • Establece zafarranchos periódicos. Las cosas se van acumulando, por muy buenas intenciones que compartáis, vais a necesitar una cierta disciplina y regularidad. Nada mejor que un zafarrancho cada cambio de estación para mantener en forma el músculo organizativo.
  • Considera los espacios de almacenamiento reales. Evita el síndrome del trastero olvidado, el orden no es ocultar cosas, es reflexionar sobre su utilidad real y asignarles en su caso el lugar adecuado. Normalmente este espacio es limitado, así que vais a tener que negociar qué juguetes se usan realmente o qué utilidad tiene el despacho de tu bisabuelo en medio del salón.
  • Acuerda con todos el método “ojos en la nuca” que es tan sencillo como mirar atrás cada vez que se abandona una habitación y dedicar 30 segundos a poner las cosas en su sitio. Como regla general recuerda a todos que este método es mucho mas sencillo y eficaz que comprometerse a volver a hacerlo mas tarde.
  • Negocia responsabilidades: todos los puntos anteriores son muy útiles, pero esta batalla es muy fácil de perder por falta de constancia. Va a ser necesario que ciertas tareas rutinarias como sacar la basura o vaciar el friegaplatos tengan nombre.
  • Acostumbra a tus hijos a visualizar y organizar el día siguiente. Se trata de que experimenten en primera persona que la vida puede ser mucho más fácil cuando te preparas con antelación. Es bueno plantear situaciones concretas y cotidianas donde este beneficio sea mas evidente. Enséñales a disfrutar del desayuno con tiempo antes de ir al cole con decisiones como ducharse la noche antes, o dejar lista la ropa que se van a poner, o las mochilas preparadas. Son este tipo de pequeños detalles demostrativos los que mejor construyen y refuerzan la constancia necesaria para mantener la casa organizada.

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