¿Es necesario examinar a nuestros hijos?

Vivimos en un mundo muy competitivo en el que además nos gusta muchísimo poner nota (y quitar puntos) a todo. Los seres humanos nos pasamos la vida analizando y categorizando las cosas por jerarquías, haciendo listas de pros y contras y evaluando desde las vacaciones hasta a las personas en función de criterios numéricos. Que mira cuántas estrellitas tiene este hotel en esta web de hoteles, que a ver cuántos likes me han puesto en este post de Facebook, que cuántos sobresalientes ha sacado mi hijo. Lo hemos vivido así desde que empezamos a ir a parvulitos y lo tenemos tan interiorizado que no nos damos cuenta de que hay cosas que no pueden cuantificarse, que una puesta de sol no vale los corazoncitos que consigas en Instagram sino lo que te haya hecho sentir y que lo que un niño aprende a veces tampoco es evaluable. Y trasladamos esto al ámbito escolar, como se ha hecho siempre y de forma que las valoraciones por puntos se perpetúan para siempre sin que encontremos una manera de ver si algo va bien que no lleve asociado un número y un examen más o menos concreto.

examenes2

Cada vez más colegios eliminan los exámenes y las notas numéricas por lo menos en los primeros cursos de educación primaria. Y los niños lo notan.

Los niños, sobre todo si son sensibles, se estresan enormemente ante los exámenes, algunos incluso hasta el punto de ponerse realmente enfermos. ¿Recuerdas los nervios cuando tenías examen de mates? ¿Recuerdas cuándo te quedabas en blanco? La realidad es que los exámenes, desde hace años en el centro del debate educativo, no evalúan objetivamente el progreso del alumno, que los factores ambientales condicionan muchísimo el resultado y que las calificaciones fomentan la competitividad y sobre todo una autoimagen basada en la opinión de un agente externo, inflexible y frío, que no tiene en cuenta que a lo mejor esa noche has dormido mal o te peleaste con tu mejor amigo, un drama de los gordos cuando tienes 13 años.

Evaluar a los niños es imprescindible, pero, a diferencia de lo que tenemos tan interiorizado, es imprescindible no para calificarlos a ellos, sino para tener datos concretos de cómo está funcionando el profesor, el colegio y el sistema educativo en general. Es obvio que tiene que existir una manera de comprobar que los alumnos aprenden, aunque cuanto más pequeños son a veces es tan sencillo como irlos observando mientras hacen las sumas, pero cómo sería la escuela y la sociedad en general si en lugar de examinar a los niños les preguntáramos “¿qué has aprendido este mes?”. ¿Es necesario fomentar la competitividad y las comparaciones o sería mejor fomentar un aprendizaje divertido y basado en la curiosidad y el disfrute más que en el miedo a suspender?

Los exámenes, un buen tema para reflexionar.

Derechos de fotografía: flippinyank, WABC

Publica tus comentarios