¿Entretenimiento digital o los juegos de siempre?

Cómo sacar lo mejor de dos mundos que se empiezan a mezclar. En la medida en que el juego es el mecanismo evolutivo que facilita el aprendizaje del cachorro humano, los juguetes no deberían ser simplemente objetos para el entretenimiento o la distracción.

Los buenos juguetes son aquellos que activan a los niños, los juguetes excelentes además les implican mental, física, emocional y socialmente. El juego infantil es innato y al carecer de estructura inicial se basa en la espontaneidad y la creatividad, la falta de reglas y sobre todo la diversión.

En 1996, hace ya una eternidad en términos tecnológicos apareció el famoso Tamagotchi. Se trataba del primer “Smart toy” o juguete inteligente en el que una criatura digital de diseño muy básico debía ser cuidada y alimentada por su propietario. Aunque el invento iba dirigido a un público infantil, no fueron pocos los adultos que se sumaron a esta nueva fiebre que fue rápidamente seguida por el Furby, Me Barbie y otros. Las versiones actuales de este tipo de juguetes han evolucionado hasta el punto de incluir reconocimiento de voz, sensores táctiles y de movimiento, y conectividad con otros juquetes inteligentes y con la red a través de móviles o PCs. Muñecas, robots, juegos de construcción y mascotas mecánicas son algunos de los ejemplos de este nuevo ejército de juguetes conectados.

Si bien muchos de ellos reivindican estar diseñados para mejorar las habilidades cognitivas y sociales de los niños, la realidad es que hay muy poca investigación al respecto. Una vez más, como padres nos encontramos perdidos en cuanto a las bondades de esta nueva revolución tecnológica pensada para el entretenimiento de nuestro hijos.

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Una de las críticas más habituales es que en general se trata de juegos que no tienen un final abierto, como puede ser un juego tradicional de construcción o una simple caja de cartón que el niño manipula y que por esta razón, no estimulan realmente la imaginación o creatividad del niño.

La propia hiper conectividad del juguete lo puede convertir en una especie de nueva terminal que al igual que una tableta o móvil promueva mas el entretenimiento pasivo que la involucración del niño.

En todo caso la principal preocupación es que existe un riesgo cierto de que esta conectividad sea una puerta de acceso para hackers o simplemente una forma oculta de obtener datos personales que el niño comparte de forma inadvertida con el fabricante. De hecho, aunque la muñeca o el perro robot tengan una apariencia inocente hay que tener en cuenta la presencia de altavoces, micrófonos, cámaras, conexiones inalámbricas o la capacidad de almacenar información. Todo este equipamiento de serie puede suponer una puerta giratoria por la que terceros desaprensivos obtengan datos como nombres, direcciones o fotos de tus hijos sin levantar la mínima sospecha. A comienzos de este año, el gobierno Alemán prohibió la venta de Kayla, una muñeca conectada a Internet, por el riesgo de transmisión de información personal de los niños e incluso de los padres en la red.

El internet de las cosas está llegando a los juguetes de nuestro hijos en una nueva ola tecnológica que parece imparable. Los principales fabricantes, conscientes de los riesgos se han puesto las pilas para ofrecer garantías de seguridad y conseguir que los juegos apoyen el desarrollo de habilidades en los niños. Como padres debemos exigir seguridad total y demostrable en estos dispositivos y reflexionar sobre la utilidad real de cada juguete en el aprendizaje de nuestros hijos.

Recordemos que los mejores juguetes son aquellos que se centran en lo que el niño puede llegar a hacer con ellos y no tanto en lo que el juguete es capaz de hacer por si solo.

Derechos de Imágenes: Congerdesign,  StockSnap

 

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