El favoritismo

Puede presentarse de muchas formas sutiles y obedecer a una gran variedad de razones. En general se trata de algo mas evidente para los hijos que para los padres y suele ser mas frecuente en situaciones de stress familiar.  Si no se detecta y reconoce a tiempo puede derivar en problemas emocionales a largo plazo y sin embargo ocurre con mucha mas frecuencia de lo que imaginamos.

En el tema del favoritismo conviene entender que en la mayoría de los casos se trata de un hábito inconsciente. Es mucho mas fácil observar este tipo de predilección en la familia del vecino que ser consciente de su presencia en la relación con nuestros propios hijos.

Hay una regla básica: no solo debemos ser ecuánimes con nuestro hijos, sino parecerlo. En este sentido el favoritismo percibido es lo que hay que evitar, pues suele ser fuente de rivalidad, inseguridad y competición entre los hermanos por el afecto de los padres.

La sensación de ser querido y valorado en la primera edad tiene una relación directa con la autoestima y esta a su vez suele determinar los resultados académicos. Esto puede suponer un círculo vicioso en el que la sensación de ser menos querido perpetúa unos malos resultados en el cole que a su vez seguirán alimentando la percepción de favoritismo.

En algunas ocasiones cometemos el error de pasarnos al otro extremo e intentamos tratar a nuestros hijos de la misma forma independientemente de sus personalidades o necesidades concretas. Tampoco es cuestión de tranquilizar nuestras conciencias intentando compensar la situación, más bien se trata de que se sientan personas únicas y especiales y siempre reconocidos como individuos.

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Dicho esto repasemos algunas normas básicas para evitar los tics del favoritismo sin dejar de reconocer las características individuales y diferentes necesidades de cada uno de nuestros hijos.

  • Evita las comparaciones constantes del tipo: “Tu hermano acaba de comer antes”, o “Es más ordenado” o “Hace mejor los deberes”, que suelen acabar con la frase: “¿Por qué no puedes ser como él?” Este tipo de afirmaciones pueden tener un efecto desmoralizador fortaleciendo la sensación de hijo de segunda categoría que no puede alcanzar el nivel de su hermano.
  • No les hagas competir entre ellos beneficiando al ganador en situaciones como premiar al que antes se termine la cena. Esto suele implicar que el que gana sube un nivel en el aprecio de sus padres y además siempre hay un perdedor.
  • Dimite como juez deportivo: aunque no les hagas competir, ellos te van a empujar a este papel preguntándote quien salta más alto, corre más o es más listo, no te impliques.
  • Nadie tiene el deber de ser el modelo de los demás hermanos, cada uno tiene su responsabilidad y esta no incluye convertirse en un adulto antes de tiempo.
  • Intenta que las necesidades de los más pequeños no condicionen todo. Siempre habrá situaciones como ser el más peque o torcerse un tobillo que va a requerir más cuidado y atención, pero esto no debe suponer una imposición constante para el resto de hermanos.

Recuerda que en este asunto los últimos en darse cuenta son casi siempre los padres, así que escucha a tus hijos y permanece atento a cualquier comentario externo que te llegue.

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