El compromiso de Allison

A sus 12 años, Allison López (la segunda por la izquierda en la foto) ejerce de líder de otros niños más pequeños de su escuela y de su barrio, uno de los más pobres de Managua (Nicaragua), a los que explica cuáles son sus derechos y cómo deben defenderlos para que se sientan más seguros y confiados en sí mismos.

Allison cursa primero de secundaria y vive con su madre, su padrastro y su hermano menor en una humilde casa en el barrio Camilo Chamorro, situado en uno de los distritos más poblados y a la vez más pobres de la capital nicaragüense, donde la delincuencia y la acumulación de residuos en las calles forman parte del paisaje habitual. El único ingreso que percibe la familia proviene del trabajo como barbero del padrastro, que atiende a los clientes en su propia casa.

Ella es la estudiante más destacada del distrito, con un promedio de notas escolares que raya el sobresaliente. Ya de pequeña era inquieta y manifestaba habilidades comunicativas, según nos cuenta su mamá. “Siempre ha sido hablantina [parlanchina], de hecho la clase que más le gusta es la de español”, dice. A los cuatro años ya sabía leer, así es que pasó directamente a primaria sin cursar el preescolar.

Allison Lopez

Allison atiende a un medio de comunicación durante uno de los talleres organizados por Educo

Hace dos años participó en un taller organizado por Educo con niños de su barrio para trabajar el liderazgo estudiantil y los derechos de la infancia. Allí se dio cuenta de la dura realidad en que vivían muchos niños y de su capacidad para cambiar las cosas. “No olvido ese primer encuentro –explica–. Conocí a muchos chavalos y me asombró lo que contaban sobre los problemas en sus barrios, desde la falta de iluminación hasta asaltos”.

Educo promueve una cultura del buen trato

Este encuentro forma parte de los proyectos que en Educo llevamos a cabo desde hace casi diez años en los barrios más marginales de Managua (distritos seis y siete), en colaboración con el Ministerio de Educación, para promover una cultura del buen trato hacia los más pequeños, trabajando con los docentes, con las familias y con los mismos niños y niñas. Nuestro compañero Ervin Zamoran explica que el proceso que se lleva a cabo con los pequeños tiene como objetivo estimular su rol activo y que tomen conciencia de su condición de titulares de derechos. “Trabajamos con estudiantes de cuarto grado, aseguramos que vayan adquiriendo habilidades para que conozcan y defiendan sus derechos en diferentes espacios de participación como cabildos, campamentos, ferias y festivales donde ellas y ellos son los protagonistas”, explica.

Allison es un ejemplo de este proceso. Su destacada participación en aquella primera reunión hizo que fuera elegida por los otros niños como “comunicadora del distrito”. Con este “cargo”, periódicamente se reúne con grupos de 30 escolares de primaria durante las horas libres para formarles y transmitirles los conocimientos que previamente ella ha recibido en materia de derechos de la infancia. “Son bien curiosos y lo que más les llama la atención es el derecho a la salud gratuita ya que muchos aseguran no tener acceso a un hospital”, dice. A pesar de que su situación personal no es tan dura como la de otros niños, se siente identificada con los problemas de todos: “Algunos me comentaban que el mayor problema que tenían era el maltrato. Salían a vender y si no volvían a casa con dinero, no les dejaban entrar y no les daban de comer”. Entonces, ella les entregaba un folleto y les explicaba que tenían derechos y que debían ser respetados. “Al volver a casa conversaron con la mamá y ahora ella ha cambiado: ella trabaja y ellos estudian”.

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La niña, junto a su familia

 

“Los niños sueñan con un mundo mejor”

También en su escuela Allison ejerce de líder estudiantil y promotora de derechos. Una muestra de ello es cuando alzó la voz para denunciar que solo elegían a niños para delegados de clase. “Yo me quejé, le dije a mi maestro y a los demás compañeros que las mujeres y los hombres deben ser tratados por igual”. Ese día logró que se repitiera la elección y salió elegida.

A sus doce años, está indecisa sobre qué profesión quiere estudiar. Duda entre ser diseñadora gráfica, porque le encanta la pintura y el dibujo, abogada o comunicadora, mientras no tenga que salir ante la cámara porque dice ponerse muy nerviosa. De lo que sí está segura es que cuando sea adulta no será cómplice de maltrato a niños y niñas. “Voy a ser amable, voy a explicarles a los niños sus derechos, voy a advertir al adulto que vea ejerciendo violencia, ya que los niños y niñas sueñan con un mundo mejor, donde estén seguros, protegidos, saludables y puedan estudiar para ser profesionales”.

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En las sesiones se fomenta que los niños tomen conciencia de su papel activo como sujetos de derechos

 

 

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