El chico que dijo “no” a las pandillas

Alexander, o Chava como lo conocen sus amigos, es un joven salvadoreño al que su pasión por la danza le salvó de caer en manos de las violentas bandas juveniles. Su vocación por el baile se despertó en las Casas de Encuentro Juvenil, un proyecto impulsado por Educo en diversos municipios del país para reforzar la socialización de niños y adolescentes en riesgo de exclusión. Aquello, reconoce, fue su tabla de salvación.

Chava se crió en un hogar con pocos recursos donde su madre, costurera, tuvo que ejercer de madre y padre a la vez para tirar adelante a sus tres hijos. Con mucho esfuerzo, logró finalizar el bachillerato. Pese a las adversidades, desde pequeño le entusiasmó participar en las actividades escolares, especialmente las artísticas. Nunca se imaginó que aquello que tanto le gustaba lo llevaría a ser un profesional de la danza.

Su pasión se incrementó cuando entró, con 13 años, en la Casa de Encuentro Juvenil de Santiago de María, su municipio, para participar en un taller de danza moderna y folklórica. De eso hace diez años y fue ahí donde tomó la decisión de que el baile sería su profesión. En la Casa se inició en el aprendizaje formal de la danza y posteriormente, ingresó en escuelas especializadas donde aprendió diferentes ritmos, en especial la salsa.

‘’La Casa de Encuentro fue mi trampolín –explica–. Me ha servido para darme a conocer y proyectarme en la profesión. Creyeron en mí”. Actualmente este joven trabaja como profesor de baile en las Casas de Encuentro de Nueva Granada y Alegría, donde su espíritu motivador ha sido clave para la consolidación de nuevos grupos en estos municipios. Además, ha abierto una academia de baile y cuenta con un grupo de danza moderna que se conoce como Revolution Star, con el que ha participado en eventos nacionales y en giras de presentación por Guatemala y Honduras.

 

Chava_grupo de danza

Con su grupo de baile “Revolution Star”, el joven ha actuado en Guatemala y Honduras

“Sin esta oportunidad, no sabría qué hacer”

Sin embargo, su trayectoria a punto estuvo de verse truncada por las maras, las violentas bandas juveniles que operan en el país centroamericano. En más de una ocasión le “invitaron” a formar parte del grupo, aunque sin éxito. “Les dije que no. Fue difícil alejarlos, pero pude. Me enfoqué en el baile y eso fue lo que me apartó de estar en eso. Si la Casa de Encuentro Juvenil no me hubiese dado esta oportunidad, no sabría qué hacer, el baile me ha ayudado a alejarme de muchas cosas negativas”, explica con satisfacción.

Una vez encarrilada su carrera artística, Chava piensa en el futuro. “Tengo muchos sueños y confío que se van a ir dando las cosas. Quiero tener un local propio, que la municipalidad apoye con una academia de baile pública para que los niños, niñas, adolescentes y las madres de familia puedan ir gratis’’.

Las Casas de Encuentro Juvenil son un proyecto que Educo impulsa desde hace más de diez años en colaboración con los ayuntamientos locales para atender a la adolescencia en riesgo de exclusión. Se trata de espacios donde jóvenes y adolescentes se relacionan y participan en actividades educativas, culturales, deportivas y sociales que les ayudan a formarse, a reforzar conocimientos y a desarrollar habilidades. Además, se educan en valores, reciben orientación, aprenden temas de salud sexual y reproductiva y adquieren competencias como el manejo de las nuevas tecnologías, por ejemplo. Para muchos de los niños y jóvenes que asisten, como el caso de Chava, suponen una vía de escape del clima de violencia social y delincuencia que les rodea.

 

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