Corazón recién partío

Cómo tratar con tus hijos adolescentes cuando inevitablemente les den calabazas. ¿Recuerdas cuando te ocurrió la primera vez? Esa sensación de angustia que prometía ser eterna y para la que no había refugio ni consuelo posible. Aquella convicción de que la persona que te acababa de romper el corazón era la única a la siempre querrías. Tenías la certeza de que no habría futuro, de que no sería posible volver a sentir lo mismo de nuevo.

El desengaño amoroso en la adolescencia es uno de los rituales de paso a la madurez que casi todos nos hemos visto obligados a sufrir. Pero una cosa es recordar la experiencia de aquel trauma y otra muy distinta observar cómo le ocurre a nuestros hijos. Se trata de uno de esos momentos en la paternidad en los que uno se siente totalmente impotente y falto de recursos para ayudar efectivamente a superar el trance. Es importante entender que simplemente no está en tu mano evitar el sufrimiento de tus hijos, pero si lo está aliviarlo o no empeorarlo.

He aquí algunos consejos útiles para lidiar con un corazón “recién partío”:

  • Procura evitar frases del tipo “ya sé como te sientes” o “ no te preocupes ya encontrarás a alguien mejor”. Durante la adolescencia la emocionalidad se dispara contribuyendo a la sensación de ser el primer y único que sufre un desengaño. Trivializar estos sentimientos no es la mejor idea. Se trata más bien de mostrar empatía y respetar esa emoción subjetiva pero muy real. Lo importante es no transmitir la sensación de que no entiendes la gravedad de la situación.
  • Comentarios lapidarios del tipo “supéralo” no hacen mas que confirmar que no entiendes su situación. Para el adolescente que sufre su primer desengaño, la sensación inicial más frecuente es la de que el sufrimiento va a durar eternamente y que nunca será capaz de superarlo.
portrait-1212093_1920
  • Sé comprensivo en la medida que prefiera refugiarse en su grupo de amigos y muestre reservas a la hora de tenerte como confidente. Lo importante es que le hagas saber que estás ahí, y que entiendes su sufrimiento.
  • Permíteles que lloren y déjales su espacio. A veces nos creamos la falsa sensación de que cuando nuestros hijos no lloran sufren menos, en este caso es mas bien al contrario. El llanto es el mejor regulador de la ansiedad y es muy conveniente que respetes su espacio privado y sus momentos de bajón.
  • Muéstrale tu cariño, mímale un poco y hazle sentir tu empatía con su tragedia sin invadir su espacio. Cada adolescente es diferente y tendrás que regular tu proximidad en función de sus necesidades.
  • Valida sus sentimientos. De la misma forma que debes evitar trivializar la situación, es importante que les hagas saber que entiendes por lo que están pasando. Comentarios del estilo “debe ser muy duro para ti” validarán su sufrimiento y ayudarán a darle un cierto sentido.

En general lo más recomendable es no intentar solucionar el problema trivializándolo o dándole consejos basados en tus propios recuerdos sino más bien mostrar comprensión ante su sufrimiento. Deja claro que estás disponible para lo que necesiten. Probablemente la situación mas válida de tu propia experiencia como adolescente es la constatación de que el tiempo es la mejor medicina, recuerda que cada uno necesita el suyo en dosis diferentes.

Derechos de Imágenes: Trinhkien91Madalinlonut

 

 

Publica tus comentarios